2018 – Septiembre

El sector sanitario es un entorno que sufre cambios y avances rápidos en el conocimiento a través de la investigación y la incorporación de nuevas tecnologías. Por este motivo, es fundamental para los profesionales sanitarios actualizar y complementar su formación académica con el objetivo de poder ofertar cuidados de calidad y una práctica basada en la evidencia científica.

En los últimos años estamos asistiendo a una transformación en la prestación de cuidados en cáncer, que incluye los cambios que se producen en pacientes y familiares (más responsables de su enfermedad y, por tanto, más autónomos), los nuevos métodos diagnósticos que permiten una detección precoz, los cambios que se producen en los tratamientos (cada vez más personalizados) y, en consecuencia, en el rol cada vez más avanzado y especializado que hemos de desarrollar, desplegando unos conocimientos y competencias específicas.

La oncología está cambiando radicalmente en todos sus campos; la oncología médica, la hematología, la radioterapia, la pediatría oncológica, están viendo cómo la incidencia y la prevalencia de los pacientes que atienden se incrementa constantemente. Por tanto, estamos también ante un cambio en el manejo clínico y asistencial de las pacientes oncohematológicos, derivado de:

· El aumento constante de nuevos casos.

· Los pacientes que conviven durante largo tiempo con su cáncer; hoy hay tumores que se transforman en patologías  crónicas.

· Y los supervivientes a un cáncer diagnosticado, tratado y curado.

Al frente de esta situación cambiante, enfermería no sólo ha de ser partícipe, sino ejercer un liderazgo compartido con el resto de las disciplinas sanitarias en el cuidado de estos pacientes, desde la prevención hasta el final de la vida. Para ello, la formación continuada en el campo tan específico de la oncología permitirá que la profesión enfermera enfrente con garantías el reto que suponen todos estos avances.

La formación tiene el poder de iniciar un círculo virtuoso, ya que genera posibilidades de investigación y los resultados de ésta nuevos contenidos para la formación. Es el círculo del conocimiento.

La formación ha de ser:

· Adecuada a la gran complejidad clínica de estos pacientes.

· Dirigida a todas las facetas de la enfermedad: prevención, detección precoz y tratamiento, incluyendo la atención a los efectos adversos de los nuevos fármacos antineoplásicos.

· Consciente de los riesgos que los tratamientos conllevan para pacientes y profesionales, preparando a los profesionales para una correcta gestión de la seguridad clínica y profesional.

· Capacitadora para proporcionar una atención holística del paciente y su familia, atendiendo al complejo soporte emocional que requieren para gestionar la incertidumbre en los tiempos diagnósticos, el miedo durante todo el tratamiento, la reincorporación social tras la curación o la despedida cuando ésta no es posible.

Los profesionales no sólo deben tener conocimientos, sino que deben alcanzar la competencia en el ámbito específico en el que presten sus servicios. Dentro de la organización sanitaria, la formación de los profesionales de enfermería debe cumplir unos criterios de calidad y garantizar la excelencia en la prestación de los cuidados. La profesión enfermera debe situarse en el eje del cambio que nos lleve a conseguir una buena calidad de vida para el paciente oncohematológico, la cual debe ser el fin de todos nuestros cuidados.

Siguiendo la línea expuesta en estas reflexiones se celebraron el pasado mes de mayo en Bilbao, las “I Jornadas Formativas en Enfermería Oncológica” organizadas por la SEEO y vinculadas a esta búsqueda de la excelencia y la calidad. En esta publicación compartimos las ricas vivencias de estas jornadas, así como otras actividades relacionadas con la formación.