2015 – Noviembre

El pasado 26 de octubre la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en el que aseguraba que la carne roja y los productos procesados eran productos cancerígenos para los humanos y los equiparaba al mismo nivel que el tabaco.
Al cabo de unos días y bajo la presión de grandes empresas multinacionales, la OMS ha empezado a cambiar su discurso, desmenuzando el lenguaje utilizado y aclarando determinados conceptos.

Desde luego, es mucho más llamativo establecer el binomio carne-cáncer, como decíamos antes, pero también mucho más peligroso, a no ser que el objetivo de la OMS sea dar un serio toque de atención a la sociedad con el buen fin de modificar comportamientos, incluso a riesgo de crear esa alarma entre los ciudadanos.

Utilizar este tipo de mensaje no contribuye a una buena adherencia sino una respuesta acción-reacción. Sería mucho más constructivo y eficaz informar sobre las diferencias entre carne roja y carne procesada, qué aporta una y la otra, qué es importante tener en cuenta a la hora de comprar una u otra y cada cuánto se recomienda su consumo. Es aquí donde los profesionales de la salud tenemos un papel fundamental, educar y formar cobra ahora más importancia…