2015 – Mayo

Últimamente se escucha en todos los foros de salud una palabra que puede sonar algo rara, pero que en la actualidad está en boca de todos, y es “empoderamiento”. Es una palabra traducida literalmente del inglés “empowerment” ya que no existe esa palabra en castellano, al menos con la acepción que se le da en su idioma original. Empoderamiento significa “dar poder” o “la expansión de la libertad de escoger y de actuar”, es decir que el paciente tenga una participación activa en sus cuidados de salud, lo que tampoco es algo nuevo, aunque antes se usaba como enfoque en la educación para “hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido”.

A lo largo de estos años ha crecido su popularidad en el ámbito sanitario, el paciente pasa de un papel pasivo de una medicina
paternalista a ser un elemento activo con capacidad de decisión en la gestión de su propia salud, y esto es especialmente importante en los pacientes oncológicos.

Un paciente empoderado es un paciente informado, pero un paciente que entiende, comprende e interpreta esa información y eso es todo un desafío para nuestro sistema sanitario porque estamos hablando de pacientes “expertos” y hablamos de una toma de decisiones compartida.

Todo esto requiere de un trabajo en equipo, de cooperación mutua entre pacientes y profesionales porque está demostrado que esta colaboración permite personalizar los tratamientos, aumenta la adherencia al mismo, potencia la autonomía, y promueve la confianza, todo lo cual mejora notablemente la calidad de vida de nuestros pacientes y la efectividad de nuestros cuidados.