2015 – Febrero

Nuestra sociedad se enfrenta a nuevos retos económicos, políticos, demográficos, sociales y culturales que requieren de unos servicios sanitarios capaces de satisfacer las crecientes necesidades en salud de la población, especialmente en el abordaje de algunos procesos de enfermedad como el cáncer.

Este mapa actual nos lleva a reorientar la estructura organizativa actual y establecer unos mecanismos adecuados para satisfacer
las necesidades de la población, y conseguir una atención sanitaria ágil, eficiente y de calidad.

En nuestro ámbito enfermero esto se traduce entre otras estrategias en la redefinición de las competencias profesionales, aprovechando el gran potencial que ofrece nuestro colectivo, y con el axioma de mantener unos cuidados continuos e integrales. Emerge así la práctica avanzada en enfermería como fórmula de establecer sistemas organizativos más costo-efectivos en los cuales ejercen de garante de la accesibilidad de los usuarios a unos servicios agiles, coordinados y de calidad.

La enfermera de práctica avanzada aglutina competencias inherentes a cuatro áreas de desempeño profesional, como son la clínica avanzada, la docencia, la investigación y la gestión. En su desempeño es agente dinamizador de los estándares de calidad, de aspectos relacionados con la seguridad del paciente siendo además elemento de cohesión dentro del equipo sanitario. Que se traduce en una mayor satisfacción de los usuarios, con una destacada capacitación para desarrollar su trabajo de forma autónoma, realizar diagnósticos y tomar decisiones de manera segura y efectiva.