2014 – Agosto

Entre la solidaridad y el interés.

Días atrás nos sobresaltaban las noticias con una nueva epidemia de ébola, enfermedad muy contagiosa que se transmite entre humanos a través del contacto con órganos, sangre, secreciones u otros fluidos corporales:

– “La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elevado a 729 muertos el balance de fallecidos por ébola en África, tras registrarse 57 nuevos decesos entre el 24 y el 27 de julio en Guinea, Liberia, Nigeria y Sierra Leona. El número total de personas contagiadas asciende ya a 1.323”.

– “Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos han recomendado evitar los viajes a Guinea, Liberia y Sierra Leona por el brote de ébola”.

Se han producido repatriaciones de algunos occidentales que se encontraban en la zona infectados por el virus, lo que está generando pensamientos contradictorios en los países de origen de los enfermos trasladados.

Y seguidamente, la secuencia de noticias que todos teníamos en mente tras el anuncio de la epidemia:

“Los National Institutes of Health de Estados Unidos han anunciado que comenzarán a probar en septiembre una vacuna experimental contra el ébola en seres humanos. La agencia federal ha estado trabajando en la vacuna en los últimos años y ha asegurado
que ha visto resultados positivos durante sus experimentos con primates”.